Blog de Bernat Llopis, cofundador de la Asociación ByL Iniciatives Educatives - ByLInEdu. Con noticias sobre innovación en educación, programación, robótica, STEAM, redes sociales y tecnología.
Antonio Gala y la tecnología: una mirada humana desde 1991
Antonio Gala, la tecnología y nosotros: una conversación de 1991 que sigue viva en 2026
Hay momentos televisivos que, sin pretenderlo, se convierten en pequeñas cápsulas de futuro. Uno de ellos ocurrió en 1991 —hace ya 35 años— cuando Antonio Gala se sentó frente a Jesús Quintero en el capítulo 7 de Trece Noches. En ese espacio íntimo, casi ritual, Gala habló sobre el porvenir de la tecnología y lo que hoy llamamos Inteligencia Artificial.
Lo sorprendente no es que mencionara máquinas, algoritmos o avances técnicos. Lo sorprendente es cómo lo hizo: con serenidad, con humanidad, con esa mezcla de lucidez y sensibilidad que lo convertía en un pensador único. Gala no veía la tecnología como una amenaza, pero tampoco como una salvación automática. La veía como un espejo: un reflejo de nuestras decisiones, nuestros miedos y nuestras esperanzas.
Hoy, en pleno 2026, sus palabras resuenan con una fuerza inesperada.
Un fragmento que merece ser revisitado
Te invito a ver un fragmento muy concreto del programa: los tres minutos que comienzan en el minuto 18:08.
Aquí tienes el enlace directo:
En esos minutos, Gala reflexiona sobre la posibilidad de que las máquinas lleguen a pensar, decidir o incluso “sentir”. Pero lo más interesante es que no se queda en la especulación técnica. Va más allá. Se pregunta qué pasará con nosotros, con nuestra forma de relacionarnos, con nuestra capacidad de seguir siendo humanos en un mundo cada vez más automatizado.
La vigencia de Gala: tecnología sí, pero con alma
Hoy convivimos con asistentes digitales, sistemas que aprenden solos, algoritmos que predicen comportamientos y herramientas capaces de generar textos, imágenes o música. La Inteligencia Artificial está en nuestras casas, en nuestros trabajos, en nuestras conversaciones.
Y sin embargo, la pregunta de Gala sigue intacta:
¿Qué lugar ocupa el ser humano en un mundo donde la tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad de comprenderla?
La tecnología puede ser una aliada extraordinaria. Nos ayuda a crear, a comunicarnos, a resolver problemas, a liberar tiempo para lo que realmente importa. Pero también puede alejarnos de nosotros mismos si olvidamos que detrás de cada avance hay personas, decisiones y valores.
Gala lo intuía:
La tecnología no es buena ni mala. Es un amplificador. Y lo que amplifica depende de nosotros.
Personas y máquinas: una convivencia que debemos diseñar
La clave no está en frenar el progreso, sino en acompañarlo con criterio humano. En preguntarnos:
¿Qué queremos que la tecnología haga por nosotros?
¿Qué no queremos delegar?
¿Qué valores deben guiar su desarrollo?
¿Cómo garantizamos que siga siendo una herramienta y no un sustituto?
La tecnología puede automatizar tareas, pero no puede reemplazar la empatía, la creatividad profunda, la contradicción humana, la duda, el humor, el abrazo, la mirada. Y eso es exactamente lo que Gala defendía: que el futuro avance, sí, pero sin dejarnos atrás como personas.
Ahora te toca a ti: quiero leer tu opinión
Este blog no tiene sentido sin tus ideas, tus dudas y tus experiencias. Por eso te invito a ver el fragmento y dejar tu comentario abajo.
¿Qué te gustaría compartir?
¿Crees que Antonio Gala fue visionario?
¿Qué parte de su reflexión te resuena hoy?
¿La tecnología te entusiasma, te inquieta o ambas cosas?
¿Cómo imaginas la relación entre personas y máquinas dentro de otros 35 años?
¿Qué papel crees que debe jugar la humanidad en este futuro tecnológico?
Tu comentario puede abrir una conversación tan rica como la que tuvieron Gala y Quintero.
Y quizá, entre todos, podamos seguir construyendo una tecnología que nos acompañe sin sustituirnos, que nos potencie sin deshumanizarnos.
Muchas gracias por compartir este vídeo. Realmente Gala mostró una clarividencia digna sólo de mentes con una inteligencia y sensibilidad fuera de lo normal. Con unas décadas de antelación logró prevenirnos sobre los peligros que podían acecharnos y los errores que podíamos cometer con el avance tecnológico. Son varios los aspectos que me preocupan al respecto pero yo destacaría principalmente el acceso a la información y las relaciones humanas. En ambos casos la tecnología nos deja las dos caras de la misma moneda. Respecto al primero, en el Covid, por ejemplo, pudimos ver una investigación científica y médica que avanzó con una coordinación y una velocidad con la que no se hubiera ni soñado hace quince años y, por otro lado, nos llenó nuestros dispositivos de bulos, de falsas noticias, de verdades a medias... Hoy más que nunca es necesario desarrollar el pensamiento crítico para evitar la polarización, las fuentes no fiables y para detectar sobre todo a los vendedores de humo o "motocicletas" emocionales. Y en esto soy un poco pesimista porque veo que el sistema educativo no está haciendo un verdadero hincapié en este aspecto. Por primera vez en la historia, la autoridad en el conocimiento se ha descentralizado y creo que las personas nunca se han enfrentado al reto de tener que poner más en duda que nunca la información que reciben. Es uno de los desafíos más importantes de nuestra era. Y que decir de las relaciones humanas. Es realmente prodigioso que podamos comunicarnos hoy en día con cualquier persona alrededor del mundo a tiempo real y a costes mínimos. Esto es un verdadero bálsamo para la soledad de muchas personas que tienen que estar lejos de sus familias, además de facilitar la comunicación cuando se necesita ayuda, entre otros muchos adelantos. Pero las tecnologías, como dice la famosa frase, corren el peligro de acercar a los que están más lejos y alejar a los que están más cerca. Las apps de mensajería o las redes sociales pueden ser un peligroso refugio para las personas más tímidas y pueden crear la falsa sensación de llenar aquello que las relaciones humanas, más complejas y en ocasiones incómodas, no acaban de satisfacer. Corremos el peligro de encerrarnos en una especie de individualismo ocioso donde el mecanismo de la dopamina no nos deje ver que no hay meme ni vídeo sorprendente que se pueda igualar a una mirada cómplice, a compartir una profunda conversación, al abrazo y la presencia de la gente que queremos. Guardo la esperanza de que la tecnología nunca elimine nuestra humanidad y sea sólo una ayuda para alcanzar nuestros sueños y retos personales.
Muchas gracias por compartir este vídeo.
ResponderEliminarRealmente Gala mostró una clarividencia digna sólo de mentes con una inteligencia y sensibilidad fuera de lo normal. Con unas décadas de antelación logró prevenirnos sobre los peligros que podían acecharnos y los errores que podíamos cometer con el avance tecnológico.
Son varios los aspectos que me preocupan al respecto pero yo destacaría principalmente el acceso a la información y las relaciones humanas. En ambos casos la tecnología nos deja las dos caras de la misma moneda. Respecto al primero, en el Covid, por ejemplo, pudimos ver una investigación científica y médica que avanzó con una coordinación y una velocidad con la que no se hubiera ni soñado hace quince años y, por otro lado, nos llenó nuestros dispositivos de bulos, de falsas noticias, de verdades a medias... Hoy más que nunca es necesario desarrollar el pensamiento crítico para evitar la polarización, las fuentes no fiables y para detectar sobre todo a los vendedores de humo o "motocicletas" emocionales. Y en esto soy un poco pesimista porque veo que el sistema educativo no está haciendo un verdadero hincapié en este aspecto. Por primera vez en la historia, la autoridad en el conocimiento se ha descentralizado y creo que las personas nunca se han enfrentado al reto de tener que poner más en duda que nunca la información que reciben. Es uno de los desafíos más importantes de nuestra era.
Y que decir de las relaciones humanas. Es realmente prodigioso que podamos comunicarnos hoy en día con cualquier persona alrededor del mundo a tiempo real y a costes mínimos. Esto es un verdadero bálsamo para la soledad de muchas personas que tienen que estar lejos de sus familias, además de facilitar la comunicación cuando se necesita ayuda, entre otros muchos adelantos. Pero las tecnologías, como dice la famosa frase, corren el peligro de acercar a los que están más lejos y alejar a los que están más cerca. Las apps de mensajería o las redes sociales pueden ser un peligroso refugio para las personas más tímidas y pueden crear la falsa sensación de llenar aquello que las relaciones humanas, más complejas y en ocasiones incómodas, no acaban de satisfacer. Corremos el peligro de encerrarnos en una especie de individualismo ocioso donde el mecanismo de la dopamina no nos deje ver que no hay meme ni vídeo sorprendente que se pueda igualar a una mirada cómplice, a compartir una profunda conversación, al abrazo y la presencia de la gente que queremos. Guardo la esperanza de que la tecnología nunca elimine nuestra humanidad y sea sólo una ayuda para alcanzar nuestros sueños y retos personales.
Gracias por tu aportación
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