viernes, 2 de mayo de 2008

La fijación de menores con Internet desconcierta a padres y educadores

Es un hecho que quienes tratamos a diario con jóvenes o tienen (tenemos) hijos adolescentes, entendamos mayoritariamente el titular que aparece en ElPais.com: "Los progenitores, que antes limitaban las salidas a la calle de sus hijos, ahora las fomentan."


Que Internet ha cambiado los hábitos de niños y adolescentes y ha desconcertado a un buen grupo de padres y educadores es un hecho; madres y padres que se apuntan a cursillos de informática para saber "de qué va esto". La realidad es que chicas y chicos pasan horas videojugando, o chatean cuando su familia duerme... Ni cortándoles los cables del ordenador es posible desconectarlos. Se saben lo del Wi-Fi. 

En el artículo, la consultora valenciana Mar Monsoriu, habla de su libro Técnicas de hacker para padres y describe la dependencia de Internet de los menores, sin que la mayoría de adultos lo sepan o les importe. "Los niños son expertos en buscarse la vida para acceder a Internet". La mayoría de los padres y profesores no saben qué es una red social, ni que sus hijos puedan contar su vida minuto a minuto en Twitter.

La razón de fondo de este descontrol es la falta de comunicación con los padres y que éstos no den a sus hijos el apoyo y las directrices necesarias. Algunos esperan que sus hijos se autoeduquen en el uso de la tecnología. También, en algunos casos, a los profesores les falta formación.

Aporta alguna recomendación intersante, incluso obvia: "Hablar con los hijos, llegar a acuerdos, compartir con ellos la experiencias digitales y educarlos en el uso prudente de la tecnología". En el aspecto práctico, lo mejor es poner el ordenador en un lugar común del hogar, como el salón; limitar las horas de acceso; supervisar los programas que se instalan,etc."

Se hace necesario que los padres se adentren en Internet, aprendan a usar el Messenger y demás, para que vean que su mundo es también el de sus mayores, y hagan un uso mucho más provechoso de estas herramientas. Las madres y padres a quien he tenido la suerte de dar clase creo que así lo pensarán.